Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Innovación Educativa

La competencia de “aprender a pensar”

Una competencia olvidada

En el Proyecto DeSeCo (Definición y Selección de Competencias Clave, proyecto de la OCDE), la reflexión era considerada “el corazón” de las bobinascompetencias clave. Después, sin embargo, fue olvidada, y ya no aparece en la lista de competencias básicas seleccionadas por la UE. Con el proyecto de investigación Aprender a Pensar, queremos relanzar este debate y reivindicar la reflexión como la competencia-base que sustenta y recorre todas las demás.
Esta idea se concreta en un portal-agregador de blogs, desde el que crear una red social de profesores, inspirada en las tan de moda webs 2.0: un lugar desde el que reflexionar sobre una multitud de áreas, a través de una comunidad en torno a esa reflexión que dialogue y discuta. Además, este portal puede ser la nueva vía de una comunicación entre profesores y alumnos, de manera que el conjunto de la comunidad educativa pueda aprender a pensar a través de las nuevas tecnologías. En paralelo, llevaremos a cabo una investigación sobre cómo las herramientas colaborativas que ofrece Internet pueden favorecer el desarrollo de esta  competencia “olvidada”.

Las ocho competencias

Las competencias básicas son aquellas que debe haber desarrollado un joven al finalizar la enseñanza obligatoria para poder lograr su realización personal, ejercer la ciudadanía activa, incorporarse a la vida adulta de manera satisfactoria y ser capaz de desarrollar un aprendizaje permanente a lo largo de la vida. La Unión Europea seleccionó en su momento, a través del Consejo de Europa, ocho competencias básicas, que deben constituir el gran objetivo educativo en todos los niveles de la enseñanza, y que han sido recogidas por la LOE de esta manera:
1. Competencia en comunicación lingüística.
2. Competencia matemática.
3. Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico.
4. Tratamiento de la información y competencia digital.
5. Competencia social y ciudadana.
6. Competencia cultural y artística.
7. Competencia para aprender a aprender.
8. Autonomía e iniciativa personal.

¿Por qué otra competencia?

La idea de “competencias clave” fue desarrollada en el Proyecto DeSeCo 100850(Definición y Selección de Competencias Clave) de la OCDE entre los años 1997 y 2003, que culminó con la publicación del informe Competencias clave para una vida exitosa y un buen funcionamiento en la sociedad (Dominique Simone Rychen y Laura Hersh Salganik, eds.). Las competencias clave serían las actitudes, conocimientos, hábitos y destrezas que un individuo necesita para atender las demandas complejas de la realidad que tendrá que enfrentar a lo largo de la vida.
Las competencias clave se articulan en tres áreas fundamentales:

  • Usar herramientas de manera interactiva (ej. lenguaje, tecnología)
  • Interactuar en grupos heterogéneos
  • Actuar de forma autónoma

Éstas serían los tres campos generales a partir de los que concretar las distintas competencias básicas. Sin embargo, el propio informe declara que “en el centro del marco de competencias clave se encuentra la habilidad de los individuos de pensar por sí mismos como expresión de una madurez moral e intelectual, y de tomar responsabilidad por su aprendizaje y por sus acciones”, y se considera la reflexión como el “el corazón de las competencias clave”. Es decir, que la capacidad de reflexionar sería la “competencia cero” que unifica las tres áreas, y recorre y sustenta por tanto las sucesivas concreciones que surjan a partir de ellas porque, según el informe, la reflexión implica el uso de destrezas meta-cognitivas (pensar acerca de pensar), habilidades creativas y la adopción de una actitud crítica. La capacidad de reflexionar sería la condición sin la cual no puede producirse el aprendizaje.

¿En qué consiste la competencia de “aprender a pensar”?

Luego nuestra competencia consistiría en generalizar en el alumno una actitud crítica ante el mundo que le rodea y las consideraciones que se hacen sobre él desde las ciencias, los medios de comunicación y su entorno más inmediato, entendiendo por crítica la capacidad de juzgar de acuerdo con las condiciones reales, pero también en consecuencia con unos valores o principios no contenidos en la realidad misma. La palabra crítica, en su origen griego, significa discernir y distinguir, es decir, separar unas cosas de otras e interpretarlas adecuadamente. Por ello la capacidad crítica, y lo que se persigue con la competencia de “aprender a pensar”, llevaría implícitas las siguientes capacidades:

bombilla

  • Mantener a lo largo de la vida una actitud de curiosidad y espíritu crítico: preguntar por qué. El hábito de no dar nada por sentado, cuestionar lo establecido como indiscutible y seguir interesándose por el por qué de las cosas es lo que fundamenta la comparación clásica entre la infancia y la filosofía. “Pensar” significa mantener viva esa actitud de curiosidad y duda ante lo evidente, reorganizar los datos de los que se dispone y saber mirar los hechos desde nuevas perspectivas.
  • Atreverse a saber: sapere aude. La actitud crítica presupone “atreverse a saber”, aun cuando el pensamiento autónomo y el conocimiento al que se puede llegar a acceder no resulten cómodos. Pensar, en este sentido, no es “saber”, sino la condición previa de todo conocimiento, la liberación del pre-juicio que impide conocer lo que las cosas son realmente, y la liberación del “miedo de saber” y del “miedo a la libertad”.
  • Dialogar (pensar con) y argumentar (defender con razones). El pensamiento sin su comunicación no puede llamarse propiamente pensamiento. Es necesario un “otro” enfrente con el que confrontar el pensamiento para asegurarnos de que nuestra brillante teoría no es un delirio. Así, pensar es también saber crear el medio adecuado para el diálogo, y saber defender con razones las opiniones, lo que presupone habilidades de razonamiento lógico, análisis y síntesis.
  • Adquirir habilidades éticas y reflexivas: dirigir la inteligencia instrumental. Pensar consiste, por un lado, en poner los medios para obtener determinados fines; pero lo que aquí nos interesa, por tratarse del proceso educativo, es elegir los fines. Pensar sería, en este caso, saber elegir los fines adecuados de acuerdo con las condiciones reales y los objetivos de la persona, teniendo en cuenta la situación objetiva pero sin ser absolutamente determinados por ella. Una inteligencia meramente instrumental y estratégica no se distingue en nada de la de una máquina; la persona incluye en sus actuaciones los fines hacia los que éstas se dirigen, previamente establecidos por ella. Pensar significa elegir autónomamente esos fines, y “aprender a pensar” consiste en dotar a la persona de la capacidad de relacionar medios y fines, de elegir los fines y, a la vez, hacerse responsable de los fines elegidos.
  • Interpretar. “Pensar: Referido a una idea, examinarla cuidadosamente para formar un juicio o reflexionar sobre ella”. “Formar un juicio”, en este contexto, significa interpretar. El sentido de los hechos no está nunca contenido en ellos (de la misma manera que el significado de la metáfora no está nunca en las palabras que la componen), y conocer la realidad es siempre interpretarla. Pensar significa entonces interpretar la realidad con vistas a su comprensión, condición imprescindible para su transformación.
  • Reunir y relacionar los conocimientos aportados por los distintos saberes (interdisciplinariedad). Para llevar a cabo tal comprensión, se hace cada vez más necesario tener presentes los múltiples saberes que abordan los distintos aspectos de una realidad compleja. El desarrollo imparable de las ciencias han llevado a una creciente desconexión entre éstas, así como entre éstas y las humanidades. Pensar, hoy por hoy, significa ser capaz de conectar los conocimientos de unas y otras parcelas del saber, función que recayó durante mucho tiempo en la filosofía pero que hoy está vacante. La interpretación de los hechos desde la perspectiva global provista por la multiplicidad de perspectivas abre el camino al pensamiento heurístico.


escrito el 24 de Marzo de 2009 por en Artículos

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2 Comentarios en La competencia de “aprender a pensar”

  1. leonel vega | 15-06-2010 a las 22:16 | Denunciar Comentario
    1

    Parece que las nuevas herramientas de comunicación e información presentan algunos elementos que impiden que las personas realicen procesos de pensamiento estructurado, parece que pensar se ha tornado algo fuera de lo común y reinan las personas que repiten, no crean pensamiento, no tienen criticidad, presentan una simpleza o una ingenuidad para analizar y sacar concluiones de temas de mucha importancia. Hace pocos días vi a un estudiante de colegio realizar una tarea en las paginas web sobre el imperio romano, lo unico que hizo fue hacer un copy-paste, adjuntarlo a un hoja, poner su nombre en la portada e indicar que el trabajo de investigación fue realizado por el estudiante, vemos que cometen plagio, no interpretan lo leído, con poca capacidad de síntesis y de entendimiento, pero lo peor del asunto no solo lo realizan los estudiantes, sino los docentes que aceptan como efectuados por el trabajo presentados por los participantes, se tolera la mediocridad, la falta de escrúpulos y la sinvergüenzada.

  2. Jacobo Vieira | 06-07-2010 a las 6:13 | Denunciar Comentario
    2

    Nos podemos quedar en el lamento ante el conformismo de nuestros estudiantes, que usan las TIC limitándose a copiar y plagiar, sin capacidad de análisis, síntesis o crítica; o enseñar a usar las herramientas de las TIC para consulta, exploración, foros de debate, de discusión, para el aprendizaje autónomo y autodidacta. O toleramos la mediocridad, quedándonos en el lamento, o motivamos al pensamiento, a la crítica.

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